Puente (6)
Arcadas del viejo puente que provocan vómitos al incauto paseante.
El agua llegó al borde del puente sin sobrepasarlo. Fue una noche aciaga.
Puso
un puente con su hermano, pero no había agarraderos en ninguno de los doce
lados.
Relatos emocionales y breves escritos y publicados por: FRANCISCO JAVIER GURRERA AGUADO (Barcelona, Spain) Copyright del autor: Licencia Creative commons. Todos los derechos reservados, se prohíbe toda difusión parcial o total sin permiso del autor. Inicio: 1 de Abril de 2014 Final: 1 de abril de 2044 (s.m.i.) Frecuencia: 1 x semana. Escribir es vivir, también.
Puente (6)
Arcadas del viejo puente que provocan vómitos al incauto paseante.
El agua llegó al borde del puente sin sobrepasarlo. Fue una noche aciaga.
Puso
un puente con su hermano, pero no había agarraderos en ninguno de los doce
lados.
Ausente
A veces sucede, escasas veces, pero sucede. Sucede que
estás ausente. De estar siempre contigo paso de repente a estar solo, sólo con
tu ausencia.
Y entonces siento miedo, siento la
soledad como única compañera y te añoro, amiga, te añoro. Y aún más cuando descubro
en la distancia cuanto te quiero, cuanto me llena tu presencia y cuan vacío me
deja tu ausencia.
Me avergüenza, entonces, reconocer lo
mucho que dependo de ti, que te lo debo todo, que no soy nada si tú no estás, y
este sentimiento de vacío me aterroriza. Cuando te alejas me quedo desnudo, no
sé qué hacer, dónde esconderme, tirito de frío y me dan escalofríos. Es mucho, mucho el tiempo que llevamos tú y
yo juntos.
Me doy cuenta que eres el nervio de mi
vida, tuyas son mi actividad, mis ideas y hasta mi propia identidad. Se me entrecorta la respiración, se me enervan
los dedos y el horror me aprisiona cuando me asomo al borde del precipicio
oscuro y profundo de la vacuidad. Palidezco, tiemblo, me castañean los dientes,
intento mantenerme firme. Es un umbral extraño, que no oso ni mirar, regresa
pronto, te lo pido de rodillas, te lo imploro y lloro, no me dejes sólo con mi
soledad.
Floto en la inmensidad, me dejo llevar, anhelo
calma, siento el vértigo del agujero negro que me absorbe con una energía
poderosa y desconocida, algo se rompe, se fracturan quinientos huesos y
millones de ideas, se disocia la carne de la sangre y también las palabras carne
y sangre y algo flotante se extravía por el universo inmenso de la nada,
unos segundos de congoja, sin apoyos ni firmeza, sin seguridad a merced del
incierto destino y entonces ¡ah!, entonces sucede, de nuevo sucede que me
asusto, no me atrevo y me aferro sudando, jadeando a un saliente, casi me muero
engullido por el gran dragón energético.
Y en seguida aparecen las primeras
palabras, unas de desesperadas: por favor, amiga, retorna, te necesito, esto no
me parece vivir, sin ti estoy muerto, casi ni me siento, ni respirar el aire puedo,
que me asfixio, amor, vuelve pronto, que me muero.
A veces sucede, sólo cuando estás
ausente, que la soledad casi me aniquila. Por eso te digo una vez más, amiga,
que te quiero, que sin ti sólo soy nada.
Tío
Escribí:
“…Són un quart de
set de la tarda i sóc assegut sota l’escala de ferro que puja a la pallissa, en
una cadira baixa de boga un xic estripada. Fem un semicercle de persones que
algunes no conec entorn del teu fèretre, estimat oncle. Ocupes el centre de
l'estança, on antigament guardaves el carro i ets dintre d'un taüt marró fosc,
arrodonit pels extrems i amb una tapa posada amb un petita finestreta de vidre.
M'he assegut després de passar molta estona mirant-te i parlant-te i
desitjant-te que la sort et continuï acompanyat allà on vagis com va fer-ho en
vida, quan vas sobreviure als mils perills de la guerra, els mateixos que amb
tant de realisme explicaves i que ens deixava a tots embadalits, i plens
d'admiració. T'he estimat molt, tío,
moltíssim, potser igual com em vas estimat tu.
“Això s'ha acabat,
s'ha acabat la guerra” —t'he
dit en veu baixa, abans de seure'm. Vas morir ahir, nosaltres l’envoltem,
esperem anar a l'església. Tens tres rams de flors damunt i un al terra, el més
gros, que és del veïnatge i que diu només Pel nostre Pere estimat, en
lletres daurades molt grosses. En els més petits llegeixo successivament del
teus nets, dels teus nebots, de la
teva esposa, fill, nora i cunyats. La padrina no ha volgut
corona, diu que és massa aparatosa. Es mastega una certa tensió, amb mosques i
calor i em sento incòmode...”
Les estoy trascribiendo la página
veinte de mi diario correspondiente al mes de junio de 2001, del día quince. Es
una libreta de hojas lisas y de tapas de plástico azul y transparente donde
describo el sentimiento de duelo que se produjo en el momento de la muerte de
mi adorado tío en Mora de Ebro, de donde soy originario, aunque hace muchos
años que vivo en Barcelona.
“...Hem sortit en processó caminant
darrera del cotxe fúnebre, darrera teu. Seguint-te i en primera línia de foc
tota la família, els homes per un costat, les dones per un altre i al arribar a
l'església i abans d'entrar-hi el dol de tot el poble passant per davant nostre
donant-nos el condol i “l'acompanyo en el sentiment” ha estat la frase més socorreguda. Han estat
infinites les persones que han acudit al teu acomiadament, tío, i tanta
multitud de principi m'ha aclaparat molt, però després m'he refet i he pogut
comportar-me com un professional de
l'atenció afectiva, consolant fins i tot als teus amics plorosos, que eren un
munió. Em marejaven tantes cares seguides, tants homes, tants records: el vell
barber petit i amb bigoti on hi anaves a xollar-te el cabell (la seva
perruqueria tenia un terra de tauler d'escacs, recordes?) i que em va
reconèixer, el sabater mut que era molt bo amb l'ajedrez , (als anys
seixanta, quan jo era petit i tu m'ensenyares a jugar-hi li dèiem així als
escacs), o el cap de reg que mai t'havia caigut bé i que sempre feia de capità romà per setmana
santa també em va donar la mà amb
llàgrimes als ulls. I tots els teus amics del billar, és clar, que tant
i tant t'agradava.
I entràrem a l'església, tu al capdavant
(tu, que no eres de missa!) i el sermó
rutinari del capellà exaltant
l'acceptació de la voluntat de Déu perquè Ell sap i nosaltres no. També va dir
que la teva mort (el bonàs Pere, —va
dir) t'era una benedicció ja que et reuniries aviat amb Déu i això em va
semblar de molta barra, pertorbant-me'n encara més. Moltes persones combregaren
i després una altra vegada el dol dels presents a l'església, una a una pel
davant del primer banc on érem els familiars directes, amb molta devoció i
mostres de dolor intens i la frase habitual “t'acompanyo en el sentiment de
pèrdua” i vàrem ser molts els que ens commoguérem i on gairebé em varen
desmuntar.
Després arribà la comitiva dels íntims
al cementiri, l'acte del teu enterrament
al forat 531, un de capdamunt, com no podia
ser d'una altra manera. Vàrem observar les feines del paleta treballant una
bona estona amb un silenci sepulcral (com tu haguessis dit) i només quan va
concloure, i tu, tío, et vares quedar tancat per sempre més en aquell
nínxol fosc, vaig adonar-me que no et veuria més, que no et tornaria a veure
viu mai més...”
Hoy, dos de noviembre de 2021, día de
los difuntos, mi amado tío ha venido de alguna manera a mi memoria para
recordarlo, para recordarme que la muerte no es algo que le pase a los demás,
que la muerte también me va a suceder a mí, y también a ti, amable lector, y a
todos los lectores del mundo y aún a los que no leen (como diría mi tío) y que no sabemos cuándo, pero que un día o
tal vez una noche llegará y entonces se nos llevará al agujero profundo para no
volver nunca más.
Como le ha pasado a mi tío y a casi
todos los que le despidieron aquel quince de junio de 2001.
Vértigo
Me
asusta el vértigo que produce el paso del tiempo y el quedarme sin testigos de
los hechos que viví en mi infancia o en la adolescencia o en mi juventud
incluso. A quién preguntaré si no queda nadie a quién preguntar, a quién podré consultar
aquel dato incierto si ya no queda nadie vivo con el que lo compartí. El
hacerse mayor también implica este aspecto, el de quedarse sin compañeros de
viaje, sin su memoria amiga.
Sin
testigos, podría también recrearme inventando un pasado distinto del que en
realidad fue. Nadie podría refutármelo, salvo mi conciencia, mientras exista. Probablemente
esta variación a nadie le importaría un bledo…
Cuando
deje de recordar o escribir sobre el pasado, dejará de ser algo vivo para
convertirse en un lastre desconocido que pesa en las entrañas, en una especie de
agujero negro que uno lleva dentro sin saber que en verdad eso que guarda y le
pesa tanto, le ocurrió a él en un tiempo pasado. En algo que forjó su carácter,
su personalidad y también su estilo de vida y muerte. En algo olvidado por
completo que fue esencial en su vida, convertido ahora en un agujero
desconocido e inmortal.
Tal
vez la vida sea también un ir olvidándola a gajos mientras la andas, recuerdas
o escribes, tanto si quieres como si no, yendo incluso en contra de la
persistencia del Ser.
Eso
es, por cierto, lo que viene sucediendo a la Humanidad, generación tras
generación, repitiéndose continuamente en una espiral evolutiva distinta. El
tiempo engulle toda experiencia vital en la gran panza universal del olvido,
dejando escasa presencia de los que un día vivieron, rieron y padecieron.
Sin
embargo, la actualidad es arrolladora y se impone paso a paso, vértigo tras
vértigo, día a día… sin que nada ni nadie la detenga.
Peregrino
Amigo, ahora mismo transitando por estas trashumantes tierras
me rebosa una añoranza extraña y mi corazón, solitario, se enternece al
acordarme de ti.
Tú y yo anduvimos antaño juntos por estas
mismas cumbres y llanuras, perdidos por estos montes de la desesperanza, uno
amarrado al otro, uno sosteniendo al otro.
Amigo, te sigo extrañando, allí donde te
encuentres, que hace muchos años que no te veo, que los torrentes nos alejaron
del estruendo del desfiladero, que apenas recuerdo tu nombre, Antonio, y apenas
tu rostro orondo, de barba espesa, con unas gafas gruesas de pasta y oscuras.
Sabes, tal vez no nos veamos nunca más,
incluso puede que si un día el azar quisiera que nos cruzáramos por la calle, no
nos reconociéramos. ¿Tanto habremos cambiado? ¿Seguirá tu tierra siendo la
tierra que recorres? ¿Seguirás siendo un ciudadano del mundo, que tanto ufano
te ofrecía? Veo ahora ondear en tu ausencia los trigales, y los gorriones,
¿sabes?, siguen ahí, enredando entre las espigas con sus juegos y trinos, y el dorado
sol de mediodía que no cesa de rebrincar luminiscencias sobre donde puede
alcanzar la vista.
Son las mismas tierras de labranza, las
mismas de nuestras caminatas, pero tomadas en otro momento, con otros ojos, con
ojos de distancia, y esto hace, amigo, que no sean las mismas, pues nada es tan
cambiante y peregrino como la guarida del pasado y de la memoria que es su
huésped. ¿A dónde fueron aquellos sueños nuestros de reforma? ¿A dónde nuestras
palabras y anhelos? ¿A dónde nuestra juventud revolucionaria?
Querías ser poeta, taladrar la acerada hacienda
de papel con el afilado arado de tu pluma y un idealismo escaso de bagaje. ¿Qué
fue de todo ello, Antonio?
¿Tendrás casa? ¿Compañía?
Tal vez tengas como querías un tren, una
ciudad, o un lugar donde caerte vivo o muerto escribiendo versos o tal vez sólo
te mantenga en pie como entonces la soledad.