Inmortal (1)
Nace, crece, se desarrolla, reproduce, muere y vuelta a empezar: he aquí lo
inmortal, el nunca acabar.
Relatos emocionales y breves escritos y publicados por: FRANCISCO JAVIER GURRERA AGUADO (Barcelona, Spain) Copyright del autor: Licencia Creative commons. Todos los derechos reservados, se prohíbe toda difusión parcial o total sin permiso del autor. Inicio: 1 de Abril de 2014 Final: 1 de abril de 2044 (s.m.i.) Frecuencia: 1 x semana. Escribir es vivir, también.
Inmortal (1)
Nace, crece, se desarrolla, reproduce, muere y vuelta a empezar: he aquí lo
inmortal, el nunca acabar.
Limbo
La
luna, una ce acostada, colgaba del techo estrellado de un hilo invisible.
Parecía dormida. De cuando en cuando una ráfaga de viento la despertaba, se
desplazaba unos centímetros (o era la rotación de la tierra) y volvía a
quedarse dormida en otra parte del espacio. Es difícil percibir el movimiento
constante de los objetos, en especial cuando es de noche y se tiene sueño. Es
difícil percibir el paso de la vida cuando es de noche y va muy lento. Aún así
se distinguía el aro que completaba el círculo lunar, el limbo que la
proyectaba al mundo. En aquel crepúsculo la luna dormida era la protagonista.
Tres palmeras datileras, un banco de
madera pintado de verde, la mar rugiendo de fondo, un hombre con pantalones de
pana y una camisa a cuadros apoyado en una gayata, una mujer con un vestido
largo y un tocado que le cubre el cabello gris. Están sentados en el banco, uno
al lado del otro, con las manos unidas en el regazo de ella, la cabeza
levantada, mirando la luna huidiza. El rostro se les ilumina.
—Ahí está, ahí estaba y ahí seguirá...
—Pero nosotros no lo veremos...
—Que lo veamos o no, no es importante
para la noche.
—Lo es para mí.
—Aún así, seguirá existiendo la luna, su
limbo, el cielo estrellado...
—Existir o no existir parece
circunstancial y frágil, unos segundos en la tarima de la eternidad, apenas un
pestañeo...
—¡Y cuidado con los orzuelos...je, je!
Nacemos con fecha de caducidad y lo sabemos, aunque hacemos como si no...
—Otros ojos, estoy segura, contemplarán
asombrados lo mismo. Sentados en otro banco verde o en lo alto de una montaña,
o en una noria...
—Sí, no paramos de dar vueltas y más vueltas...
—Y puede que hasta susurren que todo es
frágil, pasajero, evanescente...
—El asombro está ahí, querida, para
quien lo quiera ver.
—Las veces que he levantado la cabeza
cuando me he sentido perdida...
—Nos creemos únicos como la luna o el
sol, pero el cielo está lleno de estrellas que palpitan y desaparecen.
—Y de agujeros negros.
—Y de misterios.
—Como tú.
—Y como tú, querida.
—¿Todavía?
—Todavía.
—La noche estrellada siempre es un
misterio.
—Como el limbo de la luna y tu áurea de
mujer sabia.
—¡Qué cosas dices!
—Como la gravedad.
—Sí, y como el amor.
—El amor es el mayor misterio, es la
etérea gravedad humana.
—¿Tú crees que la ciencia algún día
romperá el hechizo?
—No lo sé. Somos polvo reciclado de
estrellas. Ahí arriba están nuestros hermanos desintegrados, un ciclo
interminable. Se me antoja difícil que se pueda investigar el ser vivo sin caer
en la cuenta de que es un ser vivo quien lo investiga.
—¿Seremos granos de arroz siderales
lanzados al universo, que ignoramos formar parte del mismo saco?
—¿Una especie de paella marinera
universal en continua expansión?
—Sí, más o menos, cocinados al fuego
lento de los eones.
—Unidos todos por el misterio, la
materia, el vacío y el azar.
—Y el espíritu. La mejor alianza, tal
vez...
—Sin duda, como tú y yo.
—Me enterneces.
—Has sido la mujer de mi vida, la única
persona que he elegido.
—¡Qué cosas dices!
—Observa, la luna, su limbo, mira, nos
envuelve.
Efectivamente, la luna reclinada se
levanta del lecho, se despereza y extiende su halo lumínico hacia la pareja del
banco verde, junto a una de las tres palmeras, y, mientras se incrementa el
rumor de la mar, ellos se abrazan y se funden en un beso límbico en el centro
del escenario.
El público formado por gente mayor
ovacionó de pie efusivamente.
Viaje (2)
Daba vueltas en la noria en un viaje terminable. Suerte que al no ir solo era
más llevadero.
XPR
No
puede ser que el sin etiquetas XPR (por confidencialidad) se tope
mayoritariamente con gente conflictiva y loca, con personas que constantemente le
contradigan y le quieran amargar la vida, a él, que es una persona feliz. El
otro día fue a comprar unas chuletas por encargo de su pareja y el tipo se negó
a vendérselas alegando que estaban reservadas, cuando las tenía expuestas al
público en el mostrador frigorífico sin ningún aviso. Se tuvo que quedar unas
pechugas de pollo, que, por supuesto le hizo filetear.
Contradecirle es una constante en la vida de XPR. Le pasa
con mucha frecuencia, por ejemplo, ayer intercambió unas palabras con un
cualquiera en el ascensor y el tiempo estaba soleado, pero cuando XPR le
preguntó por qué llevaba paraguas, el cualquiera de la escalera le respondió
con tono severo: luego lloverá. XPR calló, pero hizo un mohín de desagrado.
¿Acaso te molesta? —continuó el cualquiera. XPR se limitó a sonreír. Estaba
indignado, habían querido cabrearlo de buena mañana, era evidente que iba a
lucir el sol todo el día, como así sucedió. XPR está persuadido que hay mucha
gente envidiosa a la que no le gusta ver personas felices, les dan rabia y
tratan de fastidiarles el día, sea como sea.
Las estadísticas oficiales
dicen que de cada cien individuos uno está lamentablemente pasado de rosca y … ¿me
van a tocar todos a mí, rompiendo las sagradas estadísticas? —se preguntaba
XPR.
Pero cabe también preguntarse y así lo hizo XPR: ¿Y si el
loco fuera yo y no los otros? XPR consideró pertinente la pregunta.
Así que XPR repasó
mentalmente su modélica vida: Tengo cuarenta y cuatro años, vivo en pareja
desde hace quince, tenemos un hijo y una hija que adoramos, un piso de
protección oficial hipotecado en las afueras de Barcelona, un trabajo fijo en
el Instituto Nacional de Empleo, un Primus ecológico en el garaje del edificio
que ya está pagado y que pronto tendré que renovar, un perro galgo rescatado de
la perrera del que se enamoró mi pareja, una pecera de agua salada con peces de
colores para el disfrute de los peques y los palos de golf para cuando vamos a
la playa. (Y que, dicho sea de paso, él aprovecha para ir al golf, pues odia
estar tendido al sol, sin hacer nada).
¿Está loco por no querer estar con la familia en la playa?
XPR considera que en absoluto, que él es un buen representante del planeta,
respetuoso con las leyes de su país, al corriente con el fisco, conservador de
la especie y afectuoso con los suyos.
Aunque pensándolo bien, —reflexionó XPR mientras conducía
su Primus —si el loco fuera yo, si por casualidad me reconociera como tal en
mis relaciones sociales, pero en absoluto en mi vida privada entonces, ¿Podría
ser un loco a tiempo parcial, existe eso?
Descartó la agorafobia porque no era su caso, el sin
etiquetas no tenía miedo de salir a la calle ni de la sociedad, con la gente
del trabajo se llevaba ni fu ni fa, estaban demasiado ocupados en el empleo
propio y ajeno para incordiarse entre sí.
Sin embargo, la idea de que pudiera ser un loco parcial le
encantó a XPR. Le otorgaba prestigio, diferenciación, carácter. Fue sentirse
loco parcial y liberarse por completo de su ansiedad y sus miedos sociales, su
vida adquirió de pronto un sentido inesperado, se le volvió poderosa, infalible,
plena. Era evidente que él era un loco social, nada más y nada menos que un
loco parcial.
Era justo lo que
XPR necesitaba para ser completamente feliz: un diagnóstico.
Canción
—Me gusta venir a recuperar la voz
aquí..., ¿sabes?, a este lado de la bahía... sentarme y divisar la isla de
Alcatraz... la bahía barriguda... oler a pescado fresco... Me siento bien en
Sauzalito... Suelo venir, sí, y ... solo.
—Hoy no.
—No, es cierto, hoy no.
—¿Te molesta?
—Al contrario, me gusta tu compañía...
La soledad... nunca me deja.
—Es que... te he visto sentado aquí...
en el muelle... ensimismado... con la guitarra... y hacía tanto tiempo... que
me ha parecido...
—No ocurre nada. Siéntate aquí, a mi
lado... si quieres.
—¿Aquí?
—Sí, más allá de la muesca... es mi
marca en la roca.
—Está caliente la piedra.
—Sí, se mantiene un poco, pero dentro de
un rato se enfriará.
—¿Vienes con frecuencia?
—Cuando estoy ronco, sí... y... cuando
me siento triste.
—¿Y eso te pasa mucho?
—Últimamente sí, Zelma... Añoro Georgia,
mi hogar.
—Y yo. Georgia...¡Qué recuerdos! A
propósito... ¿Cuántas veces ganaste el concurso de jóvenes talentos en el
Douglass Theatre?
—Quince veces seguidas. ¡Me prohibieron
que me siguiera presentando!
—¡Eso es también Georgia!
—Sí, también. ¡Por eso me vine a San
Francisco!
—Me siento bien sentada aquí contigo. Me
relaja el borboteo del océano en silencio y las luces de los barcos flotando
como pelotas de ping-pong.
—Es cierto...Este ronroneo del Pacífico
me calma y me inspira. ¡Las horas que he pasado contemplando la marea! Parece
que nada va a cambiar, pero todo cambia a cada oleaje...
—Sí, y a cada respiración... ¿Cómo va el
grupo?
—Mal, no consigo lanzarlo, está
estancado, no avanzo con mi carrera.
—Esos
brazos míos (These arms of mine,
1962) fue un bombazo.
—De eso hace ya un tiempo, Zelma, y
...sí... nos ha ido bastante bien, pero ahora... estoy bloqueado...
—Seguro que encontrarás el camino, el
grupo es bueno y tú tienes una voz rasgada preciosa, aterciopelada, ideal para
los ritmos lentos. ¡Me encanta!
—Eres muy amable, querida, pero... me
gustaría cambiar de estilo, no sé, cambiar pacíficamente... como cambia el
océano sin moverse del sitio.
—¿Cambiar de estilo?
—Sí. No lo sé, todavía. Es un
sentimiento... Algo como fundir el Folk con el Soul. Siento que sería más
auténtico, más acorde con el fondo de mi mar...
—Fundir el Folk con el Soul... ¡Um!
Podría funcionar... Lo importante es dejarte llevar por el corazón... yo
creo... Eres aún muy joven... Triunfarás.
—Llevo días aquí... ¿sabes?, descansando
mi garganta, escurriendo el tiempo... interrogando el océano...He escrito una
canción... sentado aquí, en el muelle de la bahía... sobre esta muesca... con
ese estilo nuevo... y tengo esperanzas...No sé, podría ser buena... me gusta...
¿La quieres oír, Zelma?
—Por supuesto, Otis...
P.D.
Texto libremente adaptado a diálogo y extraído de las páginas 36 y 37 del libro
My life with Otis de 1972, escrito por Zelma Atwood, esposa de Otis Redding,
muerto en accidente aéreo con su banda el diez de diciembre de 1967, a los 26
años, un mes antes de que publicara su gran éxito Sitting on the dock of the
bay, la canción póstuma que le ha hecho inmortal.
In
memoriam.
Desobediencia
Alguien dijo con tono firme: No.
Y añadió: Sé lo que os proponéis, genocidas (*).
Y sonrió extrañamente.
Pronto, otros y otras dijeron con tono firme: No.
Y sonrieron extrañamente.
Y añadieron: Sabemos lo que os proponéis, genocidas (*).
Luego, muchos y muchas dijeron con tono firme: No.
Y sonrieron extrañamente.
Y añadieron: Sabemos lo que os proponéis, genocidas (*).
Se dieron cuenta de que les iba la vida y de que cual un
complot generalizado les estaban falseando la realidad y manipulándoles.
La desobediencia desenmascara todo lobo disfrazado de
oveja.
La desobediencia civil y pacífica acaba con toda tiranía
disfrazada de democracia.
—¿O No?
*Genocidas: Aquellos y
aquellas que eliminan sistemáticamente por medios engañosos una población.
Mar
—T'hi
apuntes?
—Quants dies
són?
—Un cap de
setmana, ens ho passarem bé.
—Estic
dubtós, és massa lluny, em fa mandra.
—Anima't, home,
et passes la vida tancat a Barcelona, tampoc hi ha per tant, el contacte amb la
costa Brava t'ajudarà a sortir del pou, estem segures.
—No crec que
estigui encara a punt per estar davant de la mar.
—Són ions
negatius, excel·lents per la salut, no t'ho pensis més.
—El que tu
vulguis, però la mar em porta massa records, encara em fa mal aquí dintre. A
més, ja no tinc cotxe.
—Anirem amb
la nostra Caddy, per això, rai!
—Fa temps
que no pinto.
—Tant fa,
home, quan et posis serà un no parar, ja ho veuràs.
—Seríem
nosaltres tres, doncs, solament?
—Exacte.
Vinga, digues que sí.
—I el Pol no
vindrà.
—No, Roger,
no et faríem això, per res del món.
—I què
durem, els olis o les aquarel·les?
—Les
aquarel·les, oi que sí, Gina, és el més senzill. Anirem d'una platja a una
altra, serà divertit, aquest mes de maig és la millor època.
—I ja teniu
l'hotel?
—On dormen
dos dormen tres, per això no et preocupis.
— De
veritat, que no us molestaré?
—Com ens has
de molestar tu!, al contrari, sortirem de gresca per la nit, un home amb dues
dones, una combinació perfecta.
—Ja veus,
quin home, un home fotut. D'acord, aniré amb vosaltres.
—Estupend!
Has estat alguna vegada a Cadaquès?
—No.
Vosaltres, sí, suposo?
—Anem cada
dos anys a pintar. Fem un any muntanya i al següent mar.
—Nosaltres
érem més del Tarragonès, a Pol li agradava passejar per la platja, anàvem a la
platja nudista de Torredembarra, amunt i avall, agafats de la mà, en silenci,
les petjades es desfeien de seguida, les nostres passes es difuminaven a
l'arena fina, com acaba desfent-se tot en qualsevol món.
—Ens sap
greu, Roger, has de poder albirar lluny, obrir horitzons.
—Sovint, al
migdia, quan la mar crema fosforescent i la remor és la millor companya, ens
assèiem a l'espigó, al lloc de sempre, i observàvem embadalits el solcar de les
veles individuals que competien en les regates del cap de setmana i sense
semblar-ho, es movíem juntes, lentament, com les onades regulars que alcen els
farbalans de la mar o un vol casual de gavines o el tremolar de milions de cors
bategant al mateix temps a l'Univers.
—Roger!
—Pol deia
que la mar que contemplàvem era la mateixa aigua que havien contemplat els
nostres avantpassats, ans i tot, els romans, els ibers, els cartaginesos, la
mateixa mar. Això, segons ell, ens feia importants, estàvem emparentats amb els
orígens de la vida, la transmetíem, érem autèntiques baules vives. També deia:
en aquest mateix lloc on som nosaltres, en el mateix escull, en el futur, d'altres s'hi asseuran i diran paraules semblants, perquè la vida com la mar és
una repetició, una successió infinita d'onades blanquinoses que bombollegen
sense remei en l'arena del temps. Tot això deia, i no m'ho puc treure del cap, no puc.
—Roger!
—Ho sento,
noies, no puc anar a Cadaqués, potser dintre d'un parell d'anys.