martes, 27 de octubre de 2020

Relato 344

                                      Puente (2)  

La rosa amarilla naufragó bajo el puente de la pasión roja y ciega.

Desde el puente mirábamos las aguas turbulentas. ¡Qué tiempos aquellos!

La torrentera se llevó el puente una noche y a la siguiente otro. Así hasta que se vació en el desierto de las lágrimas.

martes, 20 de octubre de 2020

Relato 343

                                 Campanero

Cada mañana a eso de las ocho, puntual como una campana, pasaba por delante de mi casa Don Venancio montando una escandalera con sus perritos Trolo y Triqui, sus pelotitas de goma y su vozarrón de labriego saludando entusiástico a quien se encontrara en el paseo marítimo, incluso a los pescadores alejados del espigón. Lo que fuera por soltar la milonga con cualquiera echando vozarrones.

“¿Cómo va hoy la pesca? Claro, claro, pronto no habrá peces ni en la mar, acaban con todo.” Y chasqueaba los dedos y se reía por debajo del bigote… o “Buenos días, tenga usted, voy a ver si sigue el mar por ahí…u Hoy tenemos niebla, válgame Dios, a ver si despeja… o parece que va a llover, esos nubarrones no pintan nada bien, llevo el paraguas por si las moscas… o está picada la mar, ¿verdad? A quién habrán cabreado esos políticos de mierda… o han pintado unos grafitis en el murete, al otro lado de la riera, no tienen vergüenza, a porrazos iría tras esos pillastres, con la lengua les haría limpiar las paredes, jodidos… habrase visto… o Triqui está malita, la tengo a régimen, alguna porquería se comió ayer, en fin, qué le vamos a hacer, la vida sigue, ¿verdad?”

A veces hacía parar a quien pasaba haciendo jogging para comentarle: “parece que viene fresco el día hoy, ¿verdad?” Y rápido continuaba: “Vaya, vaya, no le entretengo que usted tiene prisa…” Y el corredor le sonreía con extrañeza, se secaba el sudor y seguía sin detener la zancada.Sin embargo, con quien más chillaba era con otros paseantes de perros, ahí sí estaba en su salsa, ahí sí se entretenía y arreglaba el mundo generalmente ante el portal de mi dormitorio: “hay que seguir, eso son cuatro días, apruebas lo que ha hecho Rajoy, a mí me parece bien, hay que ser duro con los rebeldes.Y que lo digas, amigo, y que lo digas. Hay que reírse, qué sino qué has de hacer, es lo que toca, a la nuestra edad, jodidos…”

A Don Venancio, con quien no hablé nunca, (cuando a las ocho de la tarde le veía hacer la misma ronda perruna, yo solía girar la cabeza para que no me saludara, pues él saludaba a todo bicho viviente, pero yo le evitaba, me producía repelús), a Don Venancio, digo, yo le llamaba el campanero, por su costumbre de pasear a Trolo y Triqui a la misma hora de la mañana ( y de la tarde) todos los días, dándole igual fuera o no festivo, despertando a todoquisqui durmiente.

Se encarnecía especialmente ante el portal de mi casa donde repetía una y otra vez el mismo ritual: se pasaba la dichosa pelotita de una mano a otra durante un rato, a veces minutos, los perritos no paraban de mirarla ni de ladrar sin descanso dando vueltas como posesos alrededor de Don Campanero, que sonreía bajo su bigote y cuando les veía flaquear aceleraba el peloteo de mano a mano y al cabo de poco echaba la jodida pelotita lo más lejos que podía con su brazo derecho y los perritos (Yorkshires o así) corrían tras ella como locos de contento a traérsela a sus pies y ahí se quedaban, mirándole a él, oliéndole lo zapatos, mordisqueando los cordones, esperando que cogiera la pelotilla del suelo y reiniciara el ritual de cada mañana.

Oler los zapatos era lo que Trolo y Triqui hacían cuando Don Campanero se detenía a dar la parrafada con algún incauto y también olían con fruición los culos de los otros perros paseantes; todo ello, amenizado a toda voz estruendosa con constantes “¡Triqui, cállate!,Trolo, ¡estate quieto! ¡Parad, por favor, ya vamos!” Formaban parte del juego de cada mañana. Para recoger los excrementos (Don Campanero era muy exigente, a veces había colgado carteles en las farolas del paseo sujetos con celo que decían: recoge la mierda de tus perros que es tuya.) para recoger, digo, los excrementos de sus perritos no llevaba bolsa de plástico, sino cuadraditos de papel del diario ABC, convenientemente recortados.

        Su vestimenta era peculiar, la misma camisa blanca cada semana y el mismo pantalón cada mes. Tenía andares de torero y venteaba los brazos de un lado a otro como si fuera un vendaval. El sombrero de paja en verano era un clásico y de fieltro en invierno. A veces el pantalón de pana no se lo quitaba hasta bien entrada la primavera y solía llevar un gabán a cuadros grises y rojos y guantes de piel marrón con al que lanzaba las dichosas pelotitas. Vivía en unos bajos de una casita cercana al muelle, a primera línea de mar.

        Maldije a Don Campanero infinidad de veces desde la cama, ya está aquí el trueno de cada mañana, farfullaba, no podía seguir durmiendo, me desvelaba desde el otro lado de la ventana cerrada, donde él proclamaba su espacio de libertad. He de confesar que respiré aliviado cuando una tarde le vi sentado en un banco del paseo visiblemente desmejorado, había adelgazado mucho, el pantalón desvencijado le sobraba, la camisa no era blanca y llevaba unos tubitos transparentes que le entraban por la nariz y, eso sí, hablaba sin parar. Sus dos compinches perrunos yacían quietos a sus pies.

        Y ahora que va para tres años que no pasa, válgame Dios, hasta le encuentro a faltar. Don Campanero me sigue despertando cada mañana a eso de las ocho. 

martes, 13 de octubre de 2020

Relato 342

                                     Olivia

 

Con cuidado de no despertar a su marido Olivia se levanta de la cama sin encender la luz, se calza a tientas las zapatillas y silenciosa se desliza por el parquet del dormitorio hasta el baño; luego va a la cocina a prepararse un vaso de leche bien fría, la luz de la nevera la sitúa. El plato roto de la discusión de anoche aún está hecho trizas en el suelo, siente el crepitar punzante bajo las finas zapatillas, una sacudida dolorosa electrifica su piel de pies a cabeza.

        En el comedor suenan las cuatro en el reloj de pared. Sigue oscuro. Se sienta en una silla, bebe a sorbos lentos, piensa. Le acompaña el tictac permanente del reloj y de fondo el respirar profundo y arrítmico de su marido. Abre el móvil, se le ilumina el rostro, busca en el correo: “ven, Olivia, déjale, no tienes porque soportar tanto desprecio. Regresa, regresa conmigo.” Oscar la ha encontrado, Oscar ha vuelto a su vida del pasado, de cuando de críos jugaban a médicos en la alcoba de los abuelos, de cuando fueron novios, su primer novio, su primer beso, su primer desengaño.

        Olivia se remueve en el asiento y gime, se refriega los ojos, de repente se ha hecho mayor, ha pasado mucho tiempo, demasiado, apura la leche, va a escribir algo: “Oscar, yo...”, pero apaga el móvil, lo deja en la mesa junto al vaso, y silenciosa regresa al dormitorio, se descalza y se acuesta al lado de su marido sin encender la luz.

martes, 6 de octubre de 2020

Relato 341

                                      Existió

 Crepitan palabras en el fuego de la memoria, chispean verbos, adjetivos y hasta tu nombre, amiga, para acabar consumidas, chamuscadas, convertidas en rescoldos calientes que se enfrían lentamente, simples cenizas del olvido que el viento esparce, levantan al aire en todas direcciones y desaparecen. Tanto da lo cerca que estuviste, tanto da la preñez de tu rostro alegre, lo mucho que te quise o me quisiste, tanto da todo, pues cuando el viento llega escampa las cenizas de lo que fue vivo y vivió y de lo que murió y está muerto.

         El viento se lo lleva todo, todos los te quieros que nos dijimos, todos los proyectos y esperanzas urdidos en secreto, todos nuestros anhelos, risas y deseos, tus cabellos sueltos, tu mirada chispeante, tu perfume de magnolia, todo, el viento se lo lleva todo, hasta la misma palabra amiga.

         Ahora te recuerdo aquí, agonizando, en medio del desierto frente a este fuego fatuo que he prendido con este bolígrafo incendiario, sintiendo sangrar la zanja de mi pecho: no es que mientan los sueños es solamente que te sigo viendo despierta en mi insomnio. Veo contornear tus manos y tu figura como sombras vivas entre las llamas, desvelándome tu recuerdo. Escucho el canto de tu risa ahogada entre los trigales ociosos, fatigados de tanto deambulo de un lado para otro sin moverse del sitio. El viento los mece como acariciaba tus cabellos, este viento infame que arrastra con todo. Una llamarada enciende el brillo de mis ojos, la vida y la muerte imponen una senda indeseada, no hay consuelo para este presente, hermano, no hay consuelo. Y pensar que ella existió, que estuvimos paladeando los mismos bocados, respirando el mismo aire, y ahora sólo me queda el hueco de esta fogata amiga.

        Cuando llegue el día que el viento extienda a cualquier parte también mis cenizas, quien se acordará de ti, quien, amiga, tendrá la caridad de ver crepitar el pasado en una hoguera, quien dirá aquí estuvieron unos que se amaron, unos eslabones anónimos de la cadena vital, sí, que existieron, pero quienes eran lo desconocemos. Tal vez digan: ¿sintieron como sentimos nosotros?, ¿padecieron?, ¿soñaron?

        Tal vez se lo pregunten, tal vez no, pero sí podrán decir que alguien debió existir en un tiempo remoto, alguien desconocido, alguien capaz de transmitir el testigo a generaciones futuras, tal vez un biznieto de nuestro hijo o más allá no sepa nunca que en el pasado existió un hombre que lloró y se quitó la vida ante una hoguera por el recuerdo de su tatarabuela muerta.

martes, 29 de septiembre de 2020

Relato 340

                                               Burro                                 Al meu germà

       —“Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr”

       —“Reeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee”

       —No, així no. Mira com poso la llengua, la punta a dalt d'aquesta corba i llavors només has de bufar.  Veus? I dius “Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr”

        —“Reeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee”

        ―No, torneu a provar, va, què és molt fàcil.

        El Jordi de set anys li està ensenyant al seu germà gran de nou la correcta pronunciació del so de la lletra erra. Es troben asseguts al darrer esglaó de l'escala interior de la casa dels seus  oncles, en el poble de Móra d'Ebre. És mig matí d’un cinc d’agost, un dia més de calor d’estiu, però al replà s'està fresc.

         —“Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr”

         —“Reeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee”

         —No, Xavier, repeteix-ho una altra vegada. Fixa't bé on poso la punta de la llengua, aquí a dalt darrera les dents i aplana-la una mica contra el sostre de la boca. Ho veus?

          —“Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr” A veure, fes-ho tu sol.

          —“Reeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee”. Ostres Joldiet!, deixem-ho estar, què això és molt difícil. No veus que no em sult, que no em soltilà mai.

           —No et posis nerviós i torna-ho a provar.

         El Jordi té una paciència infinita, sovint s'entreté sol en petites coses capaç de passar-hi hores i juga molt amb els animalets de casa i no només amb el gossos o gats tan freqüents en els pobles, sinó també amb els que ell captura. Té una sargantana guardada dintre d'una caixa de sabates i també un parell de grills en una caixa grossa de llumins  amb un parell de foradets i una serp d'aigua que guarda tancada en una cubell de plàstic. És més baixet que el Xavier i de pell morena mentre que el seu germà és rosset i molt sec i li falten les dues dents del davant. Tots dos es troben de vacances escolars amb els oncles i s'estaran al poble de Móra d ‘Ebre els tres mesos d'estiu. Llurs pares els hi envien allí cada any i així ells poden atendre el negoci de Barcelona amb més comoditat tenint els nens a bon esguard. Al Jordi li sap greu que el seu germà no sàpiga pronunciar la erra. Porta un grapat de matins amb la mateixa ensenyança. Estan a la primera setmana d'agost de 1961.

          —“Reeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee”

        El Xavier s'alça enfadat i vol sortir al carrer a  jugar a bicicleta o a saltar a corda amb les veïnes però encara no hi ha ningú. 

      —Deixem-ho Joldiet, anem al calel a jugal amb l'Enlic i la Losel. Segulament alivalan de seguida, cole!

       I fa el gest de voler sortir de pressa, però com el seu germà no es mou d’on és i continua jugant amb la sargantana que té entre els dits i el Xavier no sap anar enlloc sense el seu germanet Jordiet, es queda. Amb tot tracta de convèncer-lo.

       —Anem a la tela del dalela i jugalem a pilota, allà no fala calol que hi toca l’ombla. I podlé xutal amb l'esquela i tu falas de poltel.    

        —No, ara no, quan sàpigues pronunciar la erra. Vinga, practica de nou.

        —Reeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerrrrrrreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee”

        —Molt bé, ara ho has fet una miqueta, torna-ho a provar.

        El Xavier és posa més nerviós i està inquiet. Recent ha aprés a anar en bicicleta de dues rodes i està impacient per pujar-hi de nou i practicar. És una mica alta per ell, però és el regal del pares per ser bon estudiant. “Llàstima no sàpiga pronunciar la erra” era una queixa que sentia sovint comentar als seus pares.

         —Mira com poso la llengua, millor mira't tu mateix.

         Aleshores el Jordi va despenjar el petit mirall que es trobava darrera la porta de l'entrada i li va posar davant seu per tal que prestés més atenció a la posició de la llengua en el paladar.

        —Ho veus, aquí, ara recolzes la punteta i treus l'aire suau mentre fas vibrar la llengua d'aquesta manera, a poc a poc i et sortirà el so RRR sol.  

        L'ajut del mirall va ser providencial. El Xavier podia imitar mes fàcilment la disposició dels llavis del seu germà i la situació de la llengua dintre la boca.

         —“Reeeeeeeeeeeerrrrreeeeeeeeeeeerrrrrrrrrrrreeeeeeeeeeeeeeereeee”

          T'ha tornat a sortir! ―cridà content el Jordiet al sentir-lo i repetia la mateixa frase a la sargantana qui girava el seu cap i semblava que l'estès escoltant. Torneu a provar!

        ―”Reeeeeeeeeeeeeeeerrrrrreeeeerrrrrrreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerrrrree”

        ―Molt bé, Xavier, ja sap pronunciar la erra, enhorabona!

        ―Gràcies a tu, Jordiet, gràcies a tu. No estàs content...

        ―Sí, molt, el que passa... és que ara... sí, em podràs dir burro correctament...

        ―No t’entristeixis, germanet, aquí l’únic burro he estat jo..., perdona’m.

        Mai més el Xavier li va tornar a dir burro al seu germà Jordiet, mai més.

martes, 22 de septiembre de 2020

Relato 339


                                       Pez  

El pez no entiende de vedas. No comprende por qué sus compatriotas son pescados en aguas donde hace bien poco no les sucedía nada. Cree que la justicia que imponen bastantes bípedos irracionales es injusta, que es sólo una herramienta que el poder usa para eliminar a los que les estorban amparándose en una apariencia de ley. El pez no entiende nada o entiende mucho, no viene al caso ahora.

El pez cree en su ignorancia animal que, en el mundo bípede, las ideologías están por encima de la justicia, que la justicia es sólo una palabra hueca que el bípedo poderoso de las cañas, red y cesto usa para su propio beneficio en detrimento del débil, quien paga con la vida.

 Los peces desconfían cada vez más de los bípedos con caña que asoman por los espigones antes libres y ahora sitiados. Se ha terminado la veda, se juegan la libertad y la vida… y ellos siguen sin entender nada, siguen pez.

martes, 15 de septiembre de 2020

Relato 338

 

                                    Quietud                                         A Ray

¡Bip!, ¡Bip!, ¡Bip!, ¡Emerg!, ¡Emerg!, ¡Em...! Arístides pulsa un sensor de su gruesa escafandra y desconecta el sistema automático de alarma para ahorrar energía y cantinela. Necesita una recarga urgente. Al intrépido Arístides, número de serie 23.796, conocido popularmente en la civilización Magmórea(*) por Ari-2, se le están secando tanto la válvula de entrada como la de salida de su corazón biónico. El prálex(*) corre el riesgo de coagularse. Infinitos chips de su cerebro cuarta generación excitan ledes rojizos en el casco protector que rodea su enorme cabeza. El peligro es inminente. Con la fuerza de reserva ha de elevar su frecuencia de vibración hasta alcanzar el CREA(*) y recuperarse. Si se le seca el prálex se convertirá irremediablemente en un Maqui(*) sin serie, en otro protector del planeta, de los que lo gobiernan con axiomas binarios para salvaguardarlo. Desde la hecatombe de 2079 que provocó la desviación del eje terrestre en más de trece grados y enorme mortandad, la vida en la Tierra se ha vuelto muy precaria. Los escasos heronautas(*) sobrevivientes viven encapsulados y su única relación entre sí es vía electrónica. Con una atmósfera apedazada se han adaptado a vivir filtrando el aire contaminado, y con la ruptura del núcleo férrico del planeta la gravedad se ha reducido a la mitad. En consecuencia han perdido musculatura en sus extremidades, sus cabezas son como globos y levitan fácilmente a pesar del voluminoso traje protector de radiaciones electromagnéticas. El cambio climático desarboló el planeta. Los Maquis tratan de mantenerlo en equilibrio sideral y evitar que sea absorbido por el agujero negro del centro de la Vía Láctea. El mundo se dirige hacia una quietud desconocida. La civilización anterior, Admirabilis(*), sucumbió por la estupidez de unos pocos que acabaron con la mayoría de seres vivos. Ari-2 es un heronauta, de los pocos que resisten. La batería se le acaba y no dispone de más tiempo. En un gesto atávico cierra los ojos (aún dispone de párpados), respira profundamente varias veces seguidas y eleva su energía vital a lo máximo que puede, a unos 9.500 Uves(*) para acceder al CREA. A este nivel lo que ve en su mente es un pequeño estanque rodeado de césped, el sol espejea entre las hojas de un sauce llorón, sus ramas se reflejan, mansas y cristalinas en el estanque, las aguas están tranquilas, no hace viento, nada se mueve, nada aletea, parece una foto viva. Ve a un niño sentado de espaldas, con las piernas cruzadas como si meditara, mirando el estanque en silencio, lo observa, puede que lleve horas o siglos, o sólo segundos ahí sentado, el niño se da la vuelta, le mira y sonríe. Ari-2 le reconoce y se estremece. Ari-2 se reconoce en aquel niño, se conmueve y llora. Las lágrimas son ya el último residuo orgánico que les queda a los heronautas para reconectarse con su origen humano. Y automáticamente todos sus órganos biogénicos y electrónicos se recargan de energía, se activa el chequeo programado, vuelven a  lucir en verde los ledes, todo vuelve a la quietud primigenia.

        Ari-2 puede volver renacido al duro trabajo de la maquinal indiferencia.         

 

(*)Civilización Magmórea: Sucedió a la Admirabilis. Integrada por Maquis y  Heronautas. Se caracteriza por su frialdad emocional y autonomía. Sin contacto físico. Se agolpan alrededor del MAG-0, el mayor ordenador cuántico existente y en continua evolución. Los Maquis son sus servidores en las zonas habitables. Se alimentan de información que intercambian constantemente. MAG-0 es el jerarca supremo y símbolo universal de la civilización magmórea. 

(*)Prálex: Agua marina depurada iónicamente con láser azul que circula por los circuitos eléctricos de los heronautas y esencia de la vida.

(*) CREA: Acrónimo de Centro de Recuperación Emocional Antiguo.

(*)Maquis: Así se llaman a lo Robots de quinta generación en adelante. Son innumerables, y se retroalimentan entre sí. Actualmente está en marcha la decimosegunda generación. Son Inteligencias artificiales de tecnología cuántica altamente cualificados cuyo fin es mantener el planeta estable en su órbita.

(*)Heronauta: Humano sobreviviente a la hecatombe de 2079. Son escasos en número y modificados genéticamente por la tecnología biónica y electrónica. Algunos ya no pueden parpadear.

(*)Generación Admirabilis: Ya extinta. Anterior a la Magmórea. No superó el enamoramiento de sí misma ni los afanes autodestructivos.  

 (*) Uves: Acrónimo de Unidad de Vibración Energética.